Reviven las tensiones políticas entre Washington y La Habana.

La acusación presentada por Estados Unidos contra el expresidente de Cuba, Raúl Castro no solo revive uno de los episodios más tensos entre Washington y La Habana, sino que también es interpretada por diversos sectores como parte de una estrategia histórica de presión contra gobiernos y líderes de izquierda en América Latina, en un contexto donde la influencia estadounidense en la región enfrenta cada vez más desgaste.

A sus 94 años, Castro —último gran símbolo vivo del castrismo— fue señalado por el Departamento de Justicia estadounidense por el derribo de dos avionetas de la organización Hermanos al Rescate en 1996, un caso ocurrido hace tres décadas y que ahora resurge en medio de una nueva ofensiva política y económica de la administración de Donald Trump contra Cuba.

La medida ocurre mientras Washington endurece sanciones energéticas y económicas contra la isla, provocando una crisis aún más severa para la población cubana. Para analistas y observadores políticos, la acusación no puede desligarse del escenario geopolítico actual, donde Estados Unidos enfrenta un debilitamiento de su liderazgo internacional, el avance de nuevas alianzas globales y una pérdida gradual de control político sobre América Latina.

Durante décadas, gobiernos de izquierda en países como Cuba, Venezuela, Nicaragua, Bolivia e incluso movimientos progresistas en otras naciones latinoamericanas como México han denunciado persecución política, bloqueos económicos, intervenciones diplomáticas y operaciones judiciales impulsadas desde Washington para debilitar proyectos políticos que desafían la hegemonía estadounidense en la región.

En ese contexto, la imputación contra Castro es vista por algunos sectores como un mensaje político más que judicial: una demostración de fuerza de Estados Unidos en momentos donde su imagen global atraviesa cuestionamientos por conflictos internacionales, tensiones internas y el surgimiento de nuevos polos de poder como China y Rusia.

Aunque Raúl Castro dejó formalmente la presidencia en 2018, continúa siendo una figura influyente dentro del Partido Comunista cubano y un símbolo político de resistencia frente a Estados Unidos, país que ha mantenido un embargo económico sobre Cuba durante más de seis décadas.

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